¿Por que hablar del Movimiento?

El movimiento es la base del desarrollo.

Aprendemos moviéndonos.

La infancia es el gran periodo en el que aprendemos a controlar nuestro cuerpo y los objetos .Aprendemos a relacionarnos con nuestro entorno a través del movimiento.  Nuestra autoestima se nutre mucho de como nos movemos.

Desde la antigüedad, existe la “admiración” por las proezas físicas de los ciudadanos. No es casual que exista mucha literatura referida al buen rendimiento motor y deportivo.

Tampoco es casual que la literatura referida a las dificultades en el movimiento y coordinación sean menos frecuentes. Para encontrar información de este tipo, debemos irnos al sector de rasgos que se salen de la norma; y a casi nadie le gusta darse cuenta que no cumple con criterios establecidos como “normales”.

¿Por que? Porque estamos acostumbrados a pensar que: o nacimos con el don para movernos con gracia y armonía o somos torpes y descoordinados. Como si fueran dos verdades absolutas y contrarias que no se pueden modificar. O sabes moverte o no naciste para moverte.

Aprendemos a movernos.

Ahora les propongo otra manera de ver este aspecto.

Y si el movimiento puede aprenderse? Y si cuanto mas posibilidades nos brinda nuestro entorno mas aprendemos?

Si consideramos al movimiento como una inteligencia mas a desarrollar podemos pensar que cuanto mas la entrenamos, mas la desarrollamos.

Este es el punto, el movimiento se aprende. Aprendemos a movernos. Cuanta mayor estimulación recibimos mejor nos movemos.

O soy torpe o soy bueno para los deportes. Así nos clasificamos. Y así nos comportamos. Porque si “soy torpe”, quiere decir que no soy bueno para bailar, para ir al gimnasio, o para realizar ejercicios con otros. Mi autoestima se ve influenciada por la vergüenza y el miedo a fallar.

Cuando me di cuenta de esto? Cuando deje de ser bueno para moverme? Como ocurrió esto? Tus experiencias desde la infancia hasta hoy te han llevado a pensar y sentirte así.

Nosotros como adultos podemos cuestionar la veracidad de nuestras propias afirmaciones. Los niños no.

Seamos consientes de lo que enseñamos a nuestros niños.

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